Coltán

📅 16 de noviembre de 2025 ⏱️ 9 min lectura

El coltán es un mineral esencial para la fabricación de componentes electrónicos presentes en muchos aparatos de nuestro día a día como los móviles o las tablets. Por ello, su importancia es elevadísima para la sociedad de consumo en la que vivimos inmersos a diario y, por tanto, su control una necesidad acuciante para las grandes corporaciones tecnológicas y las potencias mundiales a las que pertenecen estas. Así, el sector empresarial de las nuevas tecnologías se asegura de que su extracción del subsuelo y distribución a nivel global sea constante y barata, llevando a cabo diversas acciones que a continuación veremos. Pero antes debemos ir hasta tierras africanas.

Dispositivo electrónico que contiene coltán

En África Occidental, cerca de la zona ecuatorial del continente, se encuentra la República Democrática del Congo, un país que ha sufrido a lo largo de su historia numerosos episodios desgarradores para su sociedad: explotación colonial y genocidios (Estado Libre del Congo-Leopoldo II de Bélgica), una dictadura pro occidental (Mobutu Sese Seko) y una guerra civil que llegó a involucrar a países fronterizos. El antiguo Zaire presenta una riqueza mineral destacada al contar con la gran mayoría de los minerales útiles para la humanidad en mayor o menor medida en su subsuelo y es, además, donde se encuentra el mayor yacimiento de coltán a nivel mundial.

Diamantes en bruto de la República Democrática del Congo

Dicha riqueza mineral (petróleo, oro, diamantes, hierro, uranio, manganeso, malaquita, renio, zinc, estaño, tungsteno, cobre, cobalto, etc y columbita y tántalo (la contracción de ambos dan el nombre al coltán)) es de tal magnitud que se estima que puede llegar a superar al PIB anual de la primera potencia del mundo, los EE.UU. Pero desgraciadamente este maná venido del subsuelo no repercute en una mejor calidad de vida para su población, más bien todo lo contrario, se ha convertido en una maldición. Desde hace tiempo el Congo se está viendo sometido a un expolio de sus recursos de manera salvaje y descontrolada con las consiguientes consecuencias negativas para la población.

El coltán es el mineral más cotizado y, por ello, el más buscado. En torno a su explotación se han dado conflictos que desde 1998 han dejado un reguero de asesinatos de más de 5 millones de personas. Además, su extracción ha generado la proliferación de la esclavitud infantil (numerosos niños son usados en las minas) y la puesta en marcha por parte de grupos paramilitares de un genocidio contra la población dentro de las disputas por controlar los diferentes yacimientos de este preciado mineral a la vez que ejercen la violencia sexual (acosos, persecuciones, maltratos, violaciones, etc) contra las mujeres, lo cual las condena al ostracismo a nivel social.

Territorio de la R.D. del Congo donde se vincula los yacimientos con los asesinatos de millones de personas desde 1998

En el Congo se ha establecido la atroz costumbre de usar el cuerpo de mujeres y niñas como arma de aniquilación, como arma de guerra. Se llega a introducir dentro de estas objetos afilados o cortantes como machetes, materiales tóxicos como mercurio o aceites para motores, las propias armas de fuego, etc.

Las multinacionales, que se benefician de este depravado contexto, instigan con su complicidad las violaciones, feminicidios, asesinatos y saqueos que asolan la región. Estas y los gobiernos occidentales se aseguran de promover la situación de violación sistemática de los Derechos Humanos y de los Niños y, así, asegurar la disponibilidad de este mineral a bajo precio para aumentar sus ya más que pingües beneficios económicos a nivel global en el mercado de las nuevas tecnologías.

Fotografías de víctimas de la amputación ejercida en el Estado Libre del Congo, propiedad de Leopoldo II de Bélgica, como castigo por desobediencia (1905)

Esta situación en la República Democrática del Congo se lleva dando desde la época colonial, es ahí donde hallamos el origen de la actual situación. Durante este periodo, primero con el Estado Libre del Congo (propiedad privada del rey belga Leopoldo II) y posteriormente con las autoridades de Bruselas, el Congo se convirtió en un auténtico campo de trabajo forzoso; con una extensión superior a la mitad del territorio de la propia Unión Europea cuya población autóctona al completo se veía sometida a la esclavitud para ser usada en la explotación de los ricos recursos que la tierra proveía.

Este status quo impuesto por la supremacía occidental de la que eran partícipe los colonizadores belgas se mantuvo hasta los años sesenta del pasado siglo. En pleno contexto de descolonizaciones, y tras los levantamientos populares que se dieron liderados por Patrice Lumumba, Bélgica se vio obligada a iniciar la independencia política, que no económica del país. Los antiguos colonizadores tenían la intención de mantener el control de los preciados recursos de la recién nacida República Democrática del Congo y pronto intervinieron para asegurarlo.

Patrice Lumumba

Lumumba, como Primer Ministro electo de la nueva República, inició un ambicioso programa para la africanización del país que tenía entre sus puntos la nacionalización de los recursos cuya explotación continuaba en manos belgas. Como respuesta, Bélgica apoyó la secesión de Katanga, una región del sur del país con grandes recursos mineros, con el envío de tropas en 1960. El Primer Ministro tuvo que hacer frente a un intento de destitución por parte del Presidente de la República, Joseph Kasa-Vubu, y a un arresto domiciliario del que se escapó. La ONU no le brindó ningún apoyo cuando el Primer Ministro denunció la situación y el hecho de que la URSS respaldara su gobierno ante la negativa de otros países a hacerlo provocó que EEUU lo tomara como una declaración de intenciones.

Arresto de Patrice Lumumba por las tropas del golpista Mobutu instigado por EEUU y Bélgica (1960)

La CIA (EEUU) respaldó el golpe de estado dado por Mobutu Sese Seko y Patrice Lumumba fue detenido y conducido por las tropas de este hasta Katanga donde fue asesinado el 17 de enero de 1961. Con su fusilamiento se imponía un gobierno títere de EEUU en el país presidido por Mobutu que mantuviera un orden basado en la tiranía a la vez que favorecía el control de los recursos por parte de occidente a cambio de un incentivo monetario. La imposición y pago de un gobierno obediente al capitalismo mantuvo la apariencia de independencia mientras se conseguía seguir reteniendo los beneficios dados por la explotación directa de los recursos del país en manos occidentales a la vez que se mandaba un aviso a posibles nuevos levantamientos contra el capitalismo impuesto en el continente.

Encuentro en la Casa Blanca entre el dictador Mobutu Sese Seko y el presidente estadounidense Richard Nixon (1973)

De este modo, la República Democrática del Congo se estableció, con el dictador Mobutu al frente, en el nuevo modelo a seguir por el resto de países africanos recién creados. Un sistema que garantizaba los recursos a bajo costo que las desarrolladas economías capitalistas de occidente necesitaban para seguir desarrollándose como habían hecho desde el siglo XIX con la Revolución Industrial. Había nacido el Neocolonialismo, una práctica geopolítica consistente en el dominio indirecto de los antiguos territorios coloniales mediante la utilización de un imperialismo cultural, mercantilista y de globalización empresarial para influir sobre las élites locales, las cuales se encargan de controlar a la población, las propiedades y los recursos de estos países para que las multinacionales de las antiguas metrópolis puedan seguir explotándolos a su libre conveniencia. Por consiguiente, los nuevos países independizados políticamente mantuvieron su dependencia económica, tecnológica y cultural de sus antiguos invasores, viéndose obligados a tener que consumir sus productos e, incluso, a seguir sus directrices políticas.

Caddy Adzuba: «Nosotras morimos para que ustedes puedan tener sus smartphones».
Desde entonces, la República Democrática del Congo, en la actualidad supuestamente nuevamente democrática, sigue sufriendo las imposiciones de occidente y sus injerencias en su territorio. Mientras su población es esclavizada, torturada, violada y asesinada sin piedad por sus mercenarios, y con el beneplácito de su corrupta clase política y militar, las multinacionales occidentales siguen explotando y beneficiándose del subsuelo congoleño y sus riquezas. Y no hay perspectivas de que la situación, que se va agravando cada vez más, vaya a cambiar pronto. Cada día más de 1472 mujeres son violadas en la República Democrática del Congo y activistas por los Derechos Humanos como la abogada y periodista Caddy Adzuba (Participó  en el cortometraje Pour Quoi? (2012), de Ouka Leele, donde narra la historia real de una mujer congoleña violada y obligada a comerse a sus hijos mientras estaba cautiva como esclava sexual) o el ginecólogo Denis Mukwege sufren amenazas e intentos de asesinato constantemente. Esta es la realidad de la actual República Democrática del Congo, y de la de muchos otros países; sociedades explotadas hasta límites inhumanos en pro de saciar el voraz apetito tecnológico de occidente, en pro de saciar la sed de dinero fácil de unos pocos.

← Volver a Blog