La cultura del miedo

📅 16 de noviembre de 2025 ⏱️ 21 min lectura

I. EL INSTRUMENTO PARA LA DOMINACIÓN DE LOS PUEBLOS

El ser humano no puede evitarlo, es intrínseco a él. Es propio de su naturaleza y, por más que quiera deshacerse de tal engendro incorpóreo, jamás lo conseguirá. A fin de cuentas su existencia es fruto de la misma evolución que le ha hecho llegar como especie hasta la cúspide de la pirámide trófica. Lo necesita para sobrevivir. Es una defensa, un escudo natural que le permite adelantarse al futuro y sus peligros; estar alerta antes de que sea demasiado tarde. Es por ello que, aunque pueda llegar a detestarlo al ver como sus acciones se ven modificadas, interrumpidas o paralizadas por su influencia, el encorsetamiento que puede llegar a provocar en su toma de decisiones hasta incluso a amordazar a su mente e impedirle poder actuar con libertad, le es vital. Sabe que no puede vivir sin él y ellos también. Ellos también saben que el miedo es su talón de Aquiles, y lo explotan.

El Estado, tal y como lo conocemos, se construyó sobre esta base. El miedo al caos, a lo desconocido y a los peligros existentes en el entorno social fue el aglutinante con el que se levantó todo el entramado que hoy llamamos Estado. Por supuesto la evolución hacia el Estado actual ha sido fruto de un proceso de milenios, con la existencia de otros factores que dieron pie a su surgimiento como fue el caso de la sedentarización de las sociedades humanas, el surgimiento de un entramado administrativo para la organización de estas conforme a su crecimiento demográfico y el surgimiento de los primeros códigos legislativos, la evolución de la identidad colectiva frente a otros grupos, etc; pero en esencia su existencia emana de una premisa muy concreta, su facultad para proteger a los seres humanos que lo albergan y asegurar su bienestar con la imposición de un orden; es decir, el temor como justificación. Un ejemplo lo encontramos en el papel que jugó el discurso del enemigo común por parte de los traidores a la República para fraguar lo que luego sería el régimen del dictador Franco.

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Cartel de la Exposición Antimasónica de 1941. El judaísmo controlando al comunismo, representado en la figura de Stalin, y a la masonería, representada en la figura de Churchill.

De este modo el miedo pasó a ser considerado como el cohesionador natural de la sociedad para las clases dominantes. Así, los gobiernos comenzaron a usar el miedo como forma de asegurarse una sociedad incapaz de cuestionar la legitimidad de su poder y cuyos integrantes mostrasen una actitud más pasiva frente a sus políticas, aunque estas les perjudicaran directamente. En aras de preservar la seguridad del Estado, se estableció el uso del miedo, muchas veces de forma coercitiva, con la intención de anular la respuesta natural de la población frente a las agresiones a las que, en el futuro, se les sometería. Es el caso de la actual situación de España donde, haciendo uso del contexto de precariedad económica como justificación, el gobierno de turno ha comenzado a desmantelar paulatinamente los logros conseguidos durante las últimas décadas en materia de derechos educativos, laborales o sanitarios y amparándose para ello en leyes totalmente ilegítimas por su propio carácter represor para sofocar cualquier atisbo de crítica por parte de la población; como son la Ley Orgánica de Protección de la Seguridad Ciudadana (Ley Mordaza), la modificación de la Ley de Enjuiciamiento Civil (Ley de Desahucio Exprés), la Reforma de la legislación laboral (facilitación del despido y la explotación laboral), etc.

No es de extrañar, por tanto, que el desarrollo de las teorías sobre el miedo aplicado a la población fueran en paralelo con el surgimiento de la idea del Estado moderno y su construcción a lo largo de los últimos cinco siglos. Humanistas y filósofos como Maquiavelo, Spinoza o Hobbes hablaron de la importancia de usar medidas coercitivas para ir más allá del respeto que la población podía mostrar hacia sus gobernantes en la búsqueda de asegurar la unidad, pues este lleva implícito la posibilidad de crítica y, por tanto, el cuestionamiento de la legitimidad para ejercer el poder. Aconsejaban la inoculación del temor en la sociedad para así preservar el orden social establecido; o, en otras palabras, impedir que la vilipendiada mayoría le quitara el poder y sus privilegios a la todo poderosa minoría.

«Los hombres vacilan menos en hacer daño a quien se hace amar que a quien se hace temer […] El temor emana del miedo al castigo, el cual nunca te abandona»

El Principe (1513), Nicolás Maquiavelo.

Estas medidas coercitivas podían venir dadas en forma de terribles normativas, pero hoy día la cultura del miedo se da por otras vías con el objetivo de llegar hasta el último ser humano. Desde la formación dada en los centros educativos hasta los medios de comunicación, la cultura del miedo se ha extendido, en gran medida, apoyada por estos.

II. EDUCAR E INFORMAR PARA ADOCTRINAR Y MANIPULAR.

Como comentábamos al final de la primera parte de este artículo dedicado a la cultura del miedo, hoy en día esta se da por otras vías con el objetivo de llegar hasta el último ser humano más allá de la represión por medio de la legislación o la violencia. Dentro de estas destacan la formación dada en los centros educativos y la realidad plasmada por los medios de comunicación. La cultura del miedo se ha extendido en gran medida apoyada por estos.

Los sistemas educativos actuales, en muchos casos, tienen su origen en el antiguo sistema de entrenamiento militar prusiano a principios del siglo XVIII implantado por Federico I, quien deseaba crear un ejército compuesto por soldados mansos. Su sistema se caracterizaba por promover la estricta homogeneización entre los soldados a nivel mental de tal modo que su capacidad de cuestionamiento de las órdenes recibidas de sus superiores fuese el mínimo e indispensable para poder acatarlas. Para llevarlo a cabo, Federico I se benefició de la situación de analfabetismo que imperaba entre sus nuevos reclutas. En pleno despotismo ilustrado Federico II iría más allá al asegurarse de que toda libertad de razonamiento entre sus futuros soldados y súbditos fuera encorsetada. Es así como surgen por primera vez la escolarización tal y como la entendemos actualmente: gratuita, pública y obligatoria. Una escolarización que tenía un objetivo claro: proveer al Estado de individuos pasivos que sólo oigan y ejecuten. Dicho modelo fue rápidamente exportado a otros países. No obstante, conforme los años pasaron, y el acceso a cierto nivel intelectual fue dándose entre una población cada vez más contaminada por el contexto de agitación que la industrialización trajo consigo, como fue el movimiento obrero, se evidenció la necesidad de ir adaptando el modelo prusiano. Así es como a lo largo del XIX van surgiendo los primeros sistemas educativos o de educación reglada, de los cuales son herederos los de hoy en día. Sistemas que, a la vez que adoctrinaba en contra de los ideales de estos movimientos que cuestionan el status quo, proveían a la Revolución Industrial de la mano de obra cualificada que necesitaba. Así no es de extrañar que los mayores financiadores de los sistemas educativos de la época fueran los grandes empresarios industriales de la época (J. P. Morgan, Andrew Carniege, John Rockefeller, Henry Ford, etc) porque, a fin de cuentas, lo que se busca es un proceso que sea mecánico y lo más eficiente posible con los objetivos que se buscan, acorde a la mentalidad de la época.

John D. Rockefeller dando una moneda de diez centavos a un chico llamado William Gebele mientras mira a cámara a principios de 1930.

Es por ello por lo que la educación actual no tiene nada que ver con la que se podía dar en la antigua Atenas, donde las academias eran espacios de reflexión y de debate libres, sin imposición alguna o reglas expresadas a través de planes de estudio, y donde, curiosamente, eran los esclavos los que recibían una instrucción de obligado cumplimiento, no los ciudadanos u hombres libres; por contra en Esparta, una sociedad militarista, la educación era obligatoria y recibida por todos en función del papel a desempeñar dentro de la sociedad y en donde el moderamiento de la conducta era conseguido mediante el infringimiento de castigos físicos donde el dolor y el sufrimiento eran usados sin compasión. De este modo se explica que los sistemas educativos estén tan reglados y lleven tiempo implementando materias relacionadas con lo práctico y tangible (física, matemáticas, tecnología) frente a otras que están más relacionadas con el desarrollo del pensamiento crítico en torno a nuestro mundo (geografía, historia, filosofía). El caso de la filosofía, quizás la materia cuyo carácter más crítico le haga ser más rebelde a ojos del sistema, está siendo la más atacada en los últimos tiempos. Su peso en el currículo educativo ha ido decreciendo hasta llegar a ser una mera optativa en la última ley educativa española, la irónicamente nombrada Ley Orgánica para la Mejora Educativa (LOMCE).

Por otro lado, el papel que la prensa, la radio y, sobre todo, la televisión representan como instrumentos a la hora de transmitir informaciones tóxicas que forman estados de temor o preocupación entre las personas que los consumen es muy elevado. Y todo ello con un claro fin: neutralizar el pensamiento crítico de cada miembro de la sociedad para convertirlos en meros espectadores sin aspiración o ambición alguna de intervención y que sólo tengan la capacidad para adaptarse a las demandas e imposiciones del sistema establecido.

«El propósito de los medios masivos […] no es tanto informar y reportar lo que sucede, sino más bien dar forma a la opinión pública de acuerdo a las agendas del poder corporativo dominante».

Noam Chomsky.

Este fin dentro del cuarto poder recibe un nombre, la posverdad; un neologismo que viene a definir el uso que se hace de los sentimientos humanos para la confección de una red de impresiones, tópicos e ideas preconcebidas que los atrape emocionalmente permitiendo de este modo introducir cualquier falsedad con el objetivo de distorsionar la realidad percibida por estos.

«La época de la posverdad es la mentira, ya lo pueden llamar como quieran; mucha gente cree estar más informada por disponer de teléfonos móviles, tabletas y redes sociales, pero en realidad lo que estamos es confundidos. Trump es un producto del sistema, un representante de ese deterioro que ha conseguido convencer a los votantes de que es el látigo de ese sistema, y lo ha logrado con una información muy sesgada, que ha encerrado a la gente en burbujas de desconocimiento».

Rosa María Calaf. El Norte de Castilla, 26 de abril de 2017.

GABCI

Portada del periódico ABC del 17 de junio del 2018. Se habla del peligro del denominado «efecto llamada» en el que puede derivar la asistencia humanitaria del navío Aquarius a su llegada al puerto de Valencia, un mantra que se sigue pregonando actualmente en muchas portadas.

El referéndum llevado a cabo en 1988 en Chile por parte del régimen del dictador Augusto Pinochet para decidir sobre su continuidad al frente del país es un episodio donde se ve claramente este uso de los medios de comunicación, pero aún más concretamente se pudo percibir en los spot publicitarios de las campañas tanto a favor como en contra. Que decir que el plebiscito no lo convoca un gobierno para perderlo, y el de Pinochet no era una excepción. Su gobierno se aseguró de que la opción del No, una palabra claramente negativa y, por tanto, demonizada a ojos de cualquier persona, fuera vinculada a la izquierda y su apoyo a que Pinochet dejase de ser el gobernante del País. Por contra, el Sí, que emana positividad en sí misma, fue adscrita a la continuidad en el poder del Dictador. Además, hubo otros usos dentro de esta campaña por parte de los militares para ganarla como que el spot de la izquierda saliese en los medios a las tantas de la noche o que el de la campaña del Sí a Pinochet mostrara las revueltas y protestas de la izquierda para erigir la figura del dictador como garante del orden social, aunque no mostraba con qué medios garantizaba ese orden (Franja del Sí). Finalmente, el referéndum, que el régimen creía más que ganado, fue perdido por estos y Pinochet tuvo que irse y convocarse elecciones tras 15 años de secuestros, torturas y asesinatos; incluido el del último presidente democráticamente elegido hasta entonces, Allende. La campaña del No de la izquierda, aún con todo en su contra desde el principio, supo crear un spot que convirtiera la negatividad del No en esperanza y alegría ante un futuro mejor, lejos del periodo que el régimen de Pinochet en complot con la CIA de los EE.UU. había significado para el País (Franja del No).

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Panfleto de apoyo a la opción Sí en el plebiscito nacional de 1988 en Chile (Folletos del sitio web de la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile).

No obstante, la sobreexposición al miedo puede provocar otro efecto, la insensibilidad frente al dolor ajeno. Los gobiernos son conscientes y sacan partido de este fenómeno colateral para hacer minusvalorar terribles sucesos acaecidos tanto dentro como fuera de las fronteras. Así se aseguran de que se pueda seguir viviendo dentro de la burbuja de consumo y sobreinformación en la que se ha acostumbrado a la población homogeneizada, dentro del concepto de pensamiento único. Un ejemplo de ello son los terribles atentados perpetrados en tierras lejanas (que contrastan en el trato dado con los sucedidos en tierra propia o vecina), la situación de indefensión de los refugiados e inmigrantes o la inmensa cantidad de desahucios en España (los cuales pasaron de abrir todos los informativos a prácticamente dejar de ser relevantes en poco tiempo). Pero esto va más allá. Progresivamente el individualismo, la falta de empatía hacia las personas de nuestro alrededor, se ha ido instalando en nuestra forma de vida y de relacionarnos con los demás llegando a justificarse bajo la premisa de que cada uno tiene lo que trabaja y, por tanto, lo que se merece, sin dejar espacio alguno para el interés y la comprensión de situaciones vitales distintas a las personales que la puedan poner en entredicho. Es el caso de las personas en situación de desempleo por su origen, raza o contexto social, donde la precariedad y marginación viene dada no por méritos propios, sino por las posibilidades y, por ende, oportunidades peores o nulas en la vida. No es lo mismo nacer en el seno de una familia rica, la cual te puede proveer de todas las necesidades básicas para que tú te puedas centrar en conseguir una formación intelectual, a hacerlo en el de una familia de orígenes humildes, donde la necesidad económica relega la educativa a un segundo o tercer plano, aunque corren tiempos en los que ya ni siquiera la formación es una garantía de bienestar social. Como tradicionalmente ha ocurrido, en el día a día no importa tanto la formación como el tener o no padrino.

III. VERSATILIDAD.

Durante las dos primeras partes dedicadas a la Cultura del Miedo que impera en nuestra sociedad (El instrumento para la dominación de los pueblos y Educar e informar para adoctrinar y manipular) hemos hecho un recorrido por las herramientas y sistemas con los que esta cultura se vale para introducirse en nuestras vidas. En esta última parte de este pequeño, pero intenso artículo de análisis y reflexión sobre ello, vamos a ver a modo de cierre las consecuencias que esta cultura tiene sobre la sociedad y su agilidad para adaptarse a los cambios en pro de mantener el status quo impuesto por las clases dominantes o para los intereses de estas.

Como consecuencia de la cultura del miedo en la sociedad, esta ha visto menoscabado su desarrollo hasta el punto de incluso estancarlo. Tenemos variados ejemplos de ello a lo largo de la Historia de la humanidad donde, desde el sesgo religioso hasta el racial, han trabajado bajo el paraguas de esta cultura para limitar el avance de las ciencias, justificar la situación de marginalidad, explotación y, cuando no, expulsión de una minoría o evitar la consecución de derechos civiles, laborales o humanos con la instauración de regímenes autoritarios y totalitarios. Tenemos numerosos ejemplos a lo largo de la Historia, desde la Inquisición y la expulsión de moriscos y judíos en España y Portugal, pasando por el colonialismo americano de las potencias europeas y la aniquilación de las sociedades americanas por estos y sus sucesores hasta la seudociencia para justificar la segregación racial en los EE.UU. o el Apartheid en Sudáfrica, la eugenesia en la Australia de finales del XIX y principios del XX, la labor civilizadora del imperialismo o el antisemitismo y antislamismo latentes hoy día. Pero también se ha usado para conseguir todo lo contrario. El desarrollo rápido del mundo Occidental, y concretamente de Europa, sobre todo desde el siglo XVIII hasta nuestros días se ha basado en la justificación de la situación de marginalidad y explotación de minorías u otros pueblos. La cultura del miedo impulsó los discursos oficiales supremacistas de muchos gobiernos, acallando así a cualquier posible voz discrepante que se alzase en contra de la visión racista que se inculcaba en la sociedad. De este modo se aseguraba la situación de opresión de los territorios bajo su control y sus habitantes, además de justificar métodos eugenésicos contra estos.

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Ilustración racista donde se justifica el dominio inglés sobre irlanda arguyendo la similitud del «irlandés ibérico» con el «negro» en contraste con el «angloteutónico». Revista Harper´s Weekly (1899).

«No admito, por ejemplo, que se haya infligido una gran injusticia contra los Indios Rojos de América y el pueblo negro de Australia. No admito que se haya cometido una injusticia contra estos pueblos por el hecho de que una raza superior, una raza de grado superior, una raza con más sabiduría sobre el mundo por decirlo de alguna manera, haya llegado y haya ocupado su lugar».

Declaraciones realizadas por Winston Churchill en la Comisión Real para Palestina (1937).

«Estoy totalmente a favor de utilizar gas venenoso contra las tribus incivilizadas […] El efecto moral debería ser tan positivo, que la pérdida de vidas debería reducirse al mínimo. No es necesario usar uno de los gases más mortales: se pueden usar gases que causan mucha molestia y crean un agitado terror y, al mismo tiempo, no dejaría ningún efecto grave permanente en los afectados«.

Memorandum de Winston Churchill justificando el uso de armas químicas contra kurdos, afganos y otros pueblos bajo control británico siendo ministro de la Guerra y del Aire (1919).

Las familias de los niños, sobre todo de aquellos mestizos o con una piel más clara, que oponían algún tipo de resistencia al secuestro de los menores eran severamente sancionadas y estos castigados cruelmente si intentaban escapar o hacer uso de su lengua materna. Internados en centros, se les obligaba a rechazar su identidad cultural ya que se buscaba aumentar en futuras generaciones el aporte genético europeo en sus descendientes borrando el aborigen mediante matrimonios interraciales. Fotografía de un aula del colegio Bagot Aboriginal Reserve, cerca de Darwin (1951) (National Archives of Australia).

“Jamás vi la cara de mi madre. No hablo su idioma […] La policía, los pastores o cualquier persona de alta posición social tenía el derecho de entrar a un hogar, decir que descuidaban a los niños y llevárselos. Era genocidio, simple y llanamente genocidio.”

Julie Wilson, aborigen de la Generación Robada.

La cultura del miedo cada vez se está afianzando más en nuestra sociedad. A nivel mundial se está convirtiendo en el instrumento predilecto para dar respuesta a problemáticas como el terrorismo, el crimen organizado, la inseguridad ciudadana, la inmigración, etc. La implementación de la psicosis generalizada o de la doctrina del «schock» por parte de los gobiernos y sus medios de comunicación les brinda la oportunidad de poder llevar acabo actos que, de otro modo, tendrían difícil justificación a ojos de la población; una catarsis para reiniciar o cambiar el sistema sin poner en peligro el status quo a la vez que es afianzado.

Insignia de la Australian Natives´Association cuyo lema White Australia expone claramente sus objetivos (1910).

La institucionalización del miedo en la propia población, hasta el punto de hacer creer a esta que no es posible vivir sin la atmósfera de seguridad que el Estado les brinda, provoca que la mayoría de los miembros de la sociedad sientan preocupación, e incluso temor, ante un posible cambio de paradigma en sus vidas por muy beneficiosa que estas se les muestre a sus intereses. El adoctrinamiento al que han sido expuestos, en muchas ocasiones de forma velada, por la cultura del miedo durante todas sus vidas, introduciéndoles el denominado pensamiento único que no es otro que el discurso oficial del régimen de turno, ha consumido cualquier posible iniciativa personal de crítica hacia lo establecido llegando incluso a hacerles creer en la idea de que realmente están siéndolos con sus gobernantes cuando la realidad es que no.

«Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud, en el que, gracias al consumo y al entretenimiento, los esclavos amarían su servidumbre.»

Un Mundo Feliz (1932), Aldous Huxley.

Por lo tanto, el ser humano se ve en la tesitura de tener que convivir con el miedo y la cultura que las clases dominantes han instaurado sobre él, habiendo a su disposición sólo dos alternativas para afrontarlo: Aceptarlo en toda su proporción mostrando una actitud sumisa frente a aquello que lo genera o enfrentándose al origen del temor para erradicarlo. Y sobre esta última existen ejemplos de levantamientos de las clases oprimidas frente a sus opresores a lo largo de la Historia, los cuales nos dan la evidencia de que un cambio en el paradigma del statu quo es posible si hay unión entre los oprimidos.

4c65cc1f664eb051044df229b7de0860_w434_h600Blindado del ejército portugués en las calles de Lisboa con ciudadanos celebrando el levantamiento de la Revolución de los Claveles (25 de abril de 1974).Fueron la huelga realizada contra Ramses III en el 1152 a.n.e. por el incumplimiento en el cobro de un grupo de artesanos que construían su propia tumba, las crisis sociales de la antigua Grecia en las cuales los desfavorecidos se enfrentaron a los aristoi, las Seccesio Plebis o Secesiones de la Plebe ocurridas en Roma a lo largo del periodo republicano (509-27 a.n.e.) donde los romanos se plantaron frente a la clase aristocrática y amenazaron con irse y fundar una nueva ciudad si no se respetaban sus exigencias (derechos políticos, isonomía o igualdad ante la ley, fijación de la legislación por escrito frente a la arbitrariedad de los aristoi, bodas entre personas de diferente rango social, etc), las Guerras Serviles de la época republicana tardía en Roma que supuso el levantamiento de los esclavos frente a sus amos, la Revolución Haitiana (1791-1804 d.n.e.) que supuso la rebelión de los esclavos frente a la clase blanca dominante de origen francés, la Revolución de los Claveles en Portugal (25 de abril de 1974), etc.

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